Mauritania: Entre océanos de arena y sal

Diario de un viaje

Antonio Pulido Pastor

Siguiendo la tradición andalusí, comienzo este relato en el nombre de Allah, señor de los mundos, el Clemente, el Misericordioso, el Dador de vida y conocedor de todas las cosas. Gloria y alabanzas sean dadas a Él y al profeta Muhammad, la paz y las bendiciones le sean dadas, su mensajero, cuyo recuerdo y enseñanzas nos sirvan de guía en cada uno de nuestros pasos, en cada una de nuestras vidas y especialmente en este viaje que nos disponemos a emprender hacia un destino de Conocimiento, donde los hombres son por lo que valen y no valen por lo que son.

Que Él nos muestre y conduzca en el camino recto con la necesaria luz y apertura que permita la tolerancia y comprensión ante las dificultades. Que nos haga abundar en la paciencia y nos regale con la humildad y la sencillez que permite disfrutar con la mera cercanía del compañero, en la certeza de que es éste más importante que el camino.

Dice un proverbio árabe “La pluma es más afilada que la espada”, en alusión y reconocimiento a la capacidad de la escritura como reflejo que es de la palabra y el pensamiento. Con tal intención, pido a quién provee la generosidad para tornar el filo de la mía por la agilidad del viento, la plasticidad del agua y la elegancia de las dunas en el desierto, con el sincero deseo de poder relatar y expresar cuanto acontece en este viaje de forma noble, impregnada con la belleza de sus paisajes y de sus gentes a fin de hacer merecido reconocimiento como la mejor manera de expresar nuestro agradecimiento.

Elijo los siguientes proverbios como provisión y previsión para el camino:

Si la palabra es de plata, el silencio es de oro

La prisa es de Satán y la tranquilidad del Rahmán (El Misericordioso)

La paciencia es la llave del Paraíso

Partimos con ilusión hacia Mauritania, el país de Chingueti el sábado 31 de marzo de 2007, siendo las 9.30 horas en la ciudad de Málaga.  Nuestro destino es Maatamaulana, en la provincia de Trarza, entre las arenas del desierto y el rio Senegal, adonde nos dirigimos con la asociación Bushara, para establecer lazos de cooperación humanitaria con aquella población. El contador del coche marca 160940 km. En este día pasamos el Estrecho de Gibraltar por la vía de Ceuta, en previsión de atascos o aglomeraciones en el tráfico marítimo por Tarifa, tal que me ocurriera en la ocasión anterior, dado que coincidimos ahora con el periodo vacacional de Semana Santa para el culto cristiano y la fiesta del Mawlid para los musulmanes.

Todo transcurre muy bien. Sorprendentemente el tráfico es muy fluido y la rapidez en la frontera es inusual para los que hemos conocido otras épocas. Las mejoras en este sentido, se dejan notar.

Desde un primer momento encuentro extraño el vehículo que conduzco. La solidez y fiabilidad a que me tiene acostumbrado no es con la que me encuentro, notándolo inestable e inseguro. Un extraño ruido que se hace patente a velocidades bajas me hace dudar de problemas de alineamiento o equilibrado e incluso algo más grave como pudiera ser daños en un palier o alguno de los rodamientos. La revisión técnica pasada poco tiempo ha, así como la puesta a punto de la semana anterior me hacen sentir más tranquilo. En una de las paradas de descanso en la autopista hacia Rabat, comprobamos que faltan los plomos en la rueda delantera derecha, lo que me induce a pensar que se trata de un problema de desequilibrado en esa rueda. Esto me tranquiliza, pues es algo fácilmente resoluble en este país y en un taller cualquiera de mecánica o neumáticos. Una vez pasada Casablanca, se me ocurre poner la doble tracción, con objeto de reducir el esfuerzo del tren delantero y la decisión parece solucionar la vibración, que se reduce ligeramente. Sin embargo, sigo notando problemas en la rueda delantera izquierda y al entrar en un área de servicio en la circunvalación de Settat, la rueda trasera izquierda se sale por completo de su sitio y el coche se desploma escorándose hacia esa mella. Afortunadamente nuestra velocidad es de 10 km. por hora y no ocurre nada. Se han perdido dos tornillos y se ha dañado uno de los ejes roscados, pero solucionamos la situación con la rueda de repuesto y otro tornillo de otra rueda.

La llanta de la rueda afectada, ha quedado en mal estado, al haberse producido holgura en los agujeros de los tornillos y de este modo quedamos desprovistos de repuesto en buen estado.

Hasta el alojamiento en Marrakech hemos hecho 820 km desde Málaga. Llegamos a las 00.30 horas (las 2.30 de hora española).

Domingo 1 de Abril.-

En Marrakech esta mañana no encuentro solución para el problema mecánico. Al ser domingo y la fiesta del mawlid todos los talleres de la ciudad se encuentran cerrados. En carretera hay también muchos, pero igualmente están cerrados y en los que se encuentran abiertos, no encontramos tornillos para la marca del vehículo.

Emprendemos la marcha saliendo de Marrakech a las 12.15 h. hora local, nos dirigimos hacia Agadir por la carretera que atraviesa las montañas del Atlas. En su falda norte, aparecen los matorrales y bosques de sabina y aarar (Tetraclinis articulata). Los coloridos y contrastados colores de la tierra son espectaculares, así como su morfología de crestas, empinadas laderas y barrancos. Nos llueve desde la salida de la gran ciudad, capital del reino almorávide y almohade hasta la subida del primer puerto de montaña.

La bajada por la cara sur me sorprende con los primeros árboles de argán (Argania spinosa) que veo en estado silvestre. A ambos lados de la carretera se disponen los campesinos con botellas para vender el afamado aceite que se extrae de sus frutos o semillas. Incluyendo una parada para comer, llegamos a Agadir hacia las 16.30 h.

Seguimos hasta Tiznit, unos 70 km. más al sur y aquí esperamos al otro vehículo, con el que hemos perdido el contacto y a las 19.30 h. continuamos en grupo hacia Tan Tan, unos 250 km. más, siendo la ciudad antesala del Sahara occidental, ya en pleno desierto de roca.

La noche tiene al Hilaal (la luna creciente) como faro y vigía para navegantes que inunda de plata las extensas llanuras de esta hammada (la tierra calurosa). A las 22.30 h. llegamos a Tan Tan y nos alojamos en un modesto hotel.

Lunes 2 de Abril.-

Salimos de Tan Tan temprano, a las 5.30 h. Creo que he olvidado el teléfono en el hotel, pero la incertidumbre y la esperanza de que haya quedado en la maleta me hace desistir de detener el ritmo del viaje. Nos amanece en pocos momentos inundando el desierto la tenue y creciente luz del amanecer. La carretera discurre paralela a la costa y enseguida aparecen enormes playas y algunos cortados rocosos de escasa altura que la línea de mar ha conformado. De modo rotundo, aquí termina el ingente continente africano, por su lado de Poniente.

Encuentro pocos camellos y ganado, los que conocen me dicen que la población actual procede del norte marroquí y que no tiene los hábitos pastorales como la tradición nómada saharaui que siempre pobló estas tierras. Algunas ensenadas y estuarios son bastante bonitos. Aparecen algunas lagunas litorales enormes que generan aprovechamiento salino y es frecuente encontrar bandadas de flamencos.

Los controles policiales son frecuentes, mucho más estrictos que en el norte y el personal más desagradable, excepto un chico que nos dice ser de Tánger, habla un poco español y se alegra mucho de vernos.

A las 11.30 h. llegamos a El Aaiún en busca de un mecánico. Aquí nos reparan la avería, debiendo cambiar los pernos del bloque de la rueda. Parece que con ello se ha resuelto el problema, pues desde el primer momento desaparecen los ruidos y los problemas de vibración.

Continuamos en dirección sur hacia Cabo Bojador, nos separan de allí unos 180 km. que se hacen muy bien pues la carretera, aunque algo estrecha, se encuentra en buen estado y tiene rectas muy largas y despejadas. Encontramos el primer rebaño de camellos libres que nos obliga a parar.

Los controles de la policía marroquí se hacen a partir de aquí más frecuentes y rigurosos obligándonos a parar e identificarnos. Llegamos a cabo Bojador a las 16.00 horas, tras 1.5 horas de recorrido desde la capital del llamado Sahara español. Me emociona arribar a este punto por primera vez, después de leer las historias de la duquesa de Medina Sidonia, descendiente del señor de Mogador y Cabo de Aguer, con sus historias sobre tráfico marítimo y sobre corsarios. En Bojador comemos un buen pescado y continuamos hacia Dajla y Bir Ganduz.

Atravesamos pleno desierto, apareciendo por primera vez las grandes dunas de arena junto a la carretera. La luna plena se derrama sobre estos blancos arenales y llegamos a Bir Ganduz a las 2.00 h. Alojamiento en un hotel de carretera de pésimas condiciones y descanso breve hasta la salida del sol.

Martes 3 de Abril.

Salimos temprano de Bir Ganduz. A unos 80 km. se encuentra la frontera. Pasamos la frontera marroquí y posteriormente la mauritana, que me sorprende y emociona por su rusticidad, simpleza y rapidez. Ya estoy acostumbrado a la pasividad marroquí y aquí no esperaba menos. En otro tiempo hubiese resultado estado de shock.

Ahora me sorprende la amabilidad y sencillez del personal, que no suele encontrarse en los controles de la policía marroquí. Pasamos sin problema, se nota un incremento notable de la temperatura, sin que por el momento llegue a ser agobiante.

El paisaje se vuelve tremendamente arenoso. Cruzamos la línea del ferrocarril minero que llega hasta Noadhibu y llegamos al campamento de Nabila. En este momento escuchamos un ruido metálico en el motor fuera de lo habitual. Parece haber problemas de motor, suena a biela rota, dice uno de los presentes y decidimos parar para buscar un mecánico a Noadhibú, en previsión de averías de mayor grado e irreversibles.

Es este un momento descorazonador, imaginando la avería más seria y cómo hemos ido aparar al lugar más deshabitado y desprovisto de toda modernidad. Me sorprende tal cantidad de inconvenientes en este viaje y no sé si eso es un signo de retorno o simplemente son piedras en el camino y una prueba ante la dificultad. Recuerdo entonces aquello de “La paciencia antes que la tumba”.

Mientras tanto, esperamos y hacemos tiempo en la hospitalidad de una jaima de pastores saharauis, cerca del cruce de la frontera. Aquí solamente viven mujeres, una especie de clan formado por dos familias que regenta una de mediana edad, llamada Nabila. Dicen que viven del contrabando y de la vida de frontera.

De este modo podemos apreciar los ritmos y modos de vida del nómada amazigh. El té es el símbolo de la hospitalidad y la acogida de estas personas en las que el servicio y la atención al viajero son casi norma de honor.

Llega el mecánico y en una primera mirada detecta que el problema se debe al aire acondicionado. En ese momento la sensación de alivio me recorre el cuerpo de pies a cabeza, pues comprendo que los ajustes de la revisión previa al viaje, en la pasada semana son los responsables de este desatino. El eje del compresor que se había intentado sustituir, se ha aflojado con las vibraciones y el ruido metálico era intenso y preocupante. Con unas vueltas de tuerca se soluciona el problema, desmontando esta pieza.

Afortunadamente se resuelve la cuestión y emprendemos el viaje rumbo a Nuakchott, debiendo ir previamente a Nouadhibú para llevar a los mecánicos hasta allí. Me impresiona la vista lejana de la ciudad, situada en una pequeña península y bañada  su costa de blanquísima arena por un mar de intenso color azul.

La carretera hasta la capital es nueva y se encuentra en magnífico estado. Unos 450 km nos separan en los que la velocidad ha de moderarse por motivo de la oscuridad, la invasión del asfalto por la arena de las dunas y los sorprendentes controles de policía, apenas visibles y carentes de toda indicación luminosa.

El desierto cambia aquí desde la pedregosa hammada marroquí hasta un inmenso mar de arena móvil formado por frecuentes y enormes dunas de color blanco o tostado.

El horizonte se vuelve plano y alejado de modo inabarcable, como infinito. Hemos tenido la suerte de llegar en fase de luna llena, al Badr, que saluda en hora temprana surgiendo sobre la arena de modo incandescente cual corazón enamorado adolescente.

Su luz se platea a medida que ocupa el cenit y baña las arenas de un luminoso reflejo que ayuda a atravesar el desierto a lo largo de la oscura lengua de negro asfalto.

Debe ser designio de este viaje que terminemos el día conduciendo en la oscuridad y llegando muy tarde al lugar de alojamiento (las 2.00 h.), acabando tan cansados que mi siquiera hay ganas de cenar. Y con este van tres seguidos.

En Nuakchott el contador marca 164014 kilómetros, lo que quiere decir que nuestro viaje ha sido de 3.070 km. aproximadamente a los que habría que descontar 80 de ida y vuelta a Noadhibú para llevar a los mecánicos. Hemos empleado cuatro días para llegar hasta aquí.

Miércoles 4 de Abril.-

Amanezco con sensación de poco descanso. La noche de Nuakchott tiene muchos mosquitos. La llegada del día y el intenso despliegue de luz que a aquí se vierte no me deja dormir, es algo que siempre me suele ocurrir. Vamos a ver a los niños españoles de Maatamaulana que vinieron a ver a sus padres hasta aquí. Se encuentran en casa de Ahmed, un mauritano casado con una española y amigo de ellos.

Sus nombres son Adán, Ahmed, Yasin, Mubarak, Isa, Omar y Abu Bakr.

Voy a la oficina técnica de cooperación española donde dejo el paquete que me hizo llegar Claudine desde Sevilla para unos amigos suyos. No se encuentra el director de la Agencia, con lo que no puedo entrevistarme con él. Seguidamente vamos al zoco principal. Hace ya mucho calor, mi termómetro marca 32 grados pero el sol quema bastante y el aire es seco y cálido.

La sensación es algo parecida a Marrakech, por el ambiente multitudinario y caótico, el hervidero de coches viejos malsonantes y en continuo atasco, los carros tirados por pequeños onagros y un bullicio inusual inmerso en un marco arquitectónico a medio terminar. Aquí la arena es el signo distintivo con el país marroquí, además de la rusticidad y falta de lujo o elegancia de las capitales imperiales del norte almorávide o almohade. Otro es el enorme colorido en telas y vestidos, la vistosidad del darrá saharaui, la prenda de vestir típica de los hombres, los vistosos saris de las mujeres y la negra tez de hombres y mujeres que parecen dominar en el estrato poblacional.

Aquí se encuentra el cacao puro, el oscuro azabache sobre la piel de los hombres libres, los mercaderes, mientras que en el norte, en sus rostros solo hay trazas, más o menos marcadas, según las familias y la piel de ébano suele marcar humildad de condición.

Nos invitan a comer un magnífico plato de arroz con pescado, algo típico de esta tierra de clara influencia senegalesa. Después de la sobremesa vamos al puerto, a la lonja de pescado.

La sorpresa es mayúscula y la emoción es rebosante. El trajín, el colorido y la viveza allí existente es un auténtico espectáculo cotidiano y de libre participación que caracteriza a esta ciudad. Recuerda precisamente a las operaciones de almadraba si bien aquí se trata de un simple desembarco de pescado.

Los cayucos son alargados, multicolores, de anatomía perfectamente adaptada al faenado sobre las indómitas olas del Atlántico.

Cada barca está asistida por tres o cuatro hombres o muchachos que llevan el pescado a la carrera sobre sus cabezas para llegar a la lonja mientras sus flancos y espaldas son asaltados por satélites depredadores que les meten mano y roban la mercancía en su difícil transcurso por la arena.

Un enorme contingente de mujeres se encuentra a pie de playa esperando el fruto de la mar que sus hombres sacan hasta aquí. Otros reparan redes y otros simplemente miran y conversan. No había visto nunca algo tan multicolor y no deja pues de ser un jardín femenino. El ébano y la caoba no tuvieron nunca tanto ornato y belleza como el impregnado en estos rostros de mujer, dominados por grandes astros de intenso brillo que dicen ser sus ojos.

La brisa marina se adereza con el sol de la tarde, Xams al axiiyan, y el paisaje es sublime.

Los problemas pasados hasta aquí parecen haberse disipado, la sonrisa es más ágil y puedo disfrutar de todo esto en la plenitud de su magia.

Compramos pescado que podemos preparar con carbón en la arena del jardín donde nos alojamos.

Jueves 5 de Abril.-

Jueves Santo en España. Mientras, nosotros vamos aprendiendo lo que es el calor y la parsimonia mauritanos. Hoy es el viaje a Maatamaulana y para prepararlo es necesario organizar la marcha en taxi de los niños españoles que han venido para recibirnos en la capital.

Entre tanto, hay un par de horas para dar una vuelta por la ciudad. En esas visitamos la mezquita verde, a la que no nos dejan acceder debido a nuestro aspecto de turistas y la difícil justificación de formar parte de la umma islámica. Nos vamos pues al zoco principal donde consigo comprar el lizam característico de los legendarios hombres velados del Sahara.

Salimos a las 12.30h con dirección a Maatamaulana. La salida de la ciudad es un auténtico caos circulatorio. Existe una vía de doble carril en la que prácticamente se ha perdido el central debido a los acúmulos de arena. Los carros de tracción asnal circulan por esta vía, siendo un contrasentido no esperado que confunde bastante. A colapsar el tráfico ayuda también algún que otro vehículo que se mete en sentido contrario para cambiar de rumbo.

Ha habido un corte de suministro eléctrico y no funcionan las estaciones de servicio por lo que tengo que regresar al inicio para buscar una donde repostar. Conseguido el objetivo logramos salir de esta ciudad. Nos enfrentamos a unos 150 km. diferenciados en un tramo asfaltado de unos 130 km. y unos 35-50 km. de pista sobre arena.

El asfalto discurre entre terrenos de dunas trazado por enormes rectas y cambios de rasante marcados por el vaivén de las dunas y la sucesión de ramblas y wads. El calor es como terrible, podría semejarse a los intensos días de verano en el terral malagueño o la campiña del Guadalquivir. El aire es tórrido y la luz espectacular. Debo cerrar la ventanilla porque el aire lateral mete arena en el coche.

Se suceden los valles, las arenas y los colores hasta llegar al cruce de caminos donde hay una mínima infraestructura para asistir a los viajeros que normalmente han de hacer largas esperas a los vehículos de enlace.

Hemos podido constatar este punto dado que la mitad de nuestra expedición está formada por una furgoneta que no es capaz de circular fuera del asfalto debiendo esperar el retorno del taxi. Nosotros hemos de atender la llegada del taxi desde Nuakchott donde viene sheij Hammud, quien nos hará de guía hasta el pueblo. El taxi es un vehículo todo terreno descubierto, en el que se llegan a subir hasta veinte o veinticinco personas, aunque a primera vista pueda parecer increíble. La manera de aprovechar el espacio y los recursos es asombrosa.

El camino es una pista rodada sobre la arena, unas veces más suelta, otras más apelmazada, no hay apenas otra dificultad que esta, pues todo son rectas y llanos, sin apenas pendientes. La altitud media es de unos 56 m. sobre el nivel del mar que me sorprende bastante. Esperaba dunas móviles y se trata de un sistema de sabana, consolidado por un rico tapiz herbáceo y un difuso estrato arbóreo dominado principalmente por acacias y arbustos de tipo Retama.

El paisaje cambia profundamente respecto al desierto que hemos conocido hasta ahora y nos flanquean rebaños de cabras, asnos y camellos. Es explicable ahora la ocupación pastoral de estas familias, compatible con el sedentarismo en torno al pueblo.

Llegamos al pueblo hacia las 17.30h., coincidiendo con el taxi que había salido justo antes que nosotros.

Nos recibe Mohammed II (Zani), el yerno de Abd-l-Naser, en su casa y el taxi vuelve para buscar al resto de nuestros compañeros que llega unas 2.5 horas más tarde.

Esta noche conocemos al sheij Michri en su casa que nos invita a cenar.  Dormimos al aire libre el en patio de la casa de Zani y Yusura. La temperatura es muy agradable, tal que una noche de verano andaluza y el cielo se presenta cuajado de estrellas.

Viernes 6 de Abril.-

Nos levantamos al amanecer. La luz del día es intensa aquí a partir de las seis de la mañana. Desayunamos en casa del sheij y nos enseñan el pueblo. Puedo comprobar la situación del sistema eléctrico del pozo y del pueblo, el pequeño jardín botánico que ha montado la cooperación francesa y algunas de las escuelas que hay.

A partir de ello podemos hacernos una idea de las necesidades que es preciso resolver o establecer al menos una jerarquía de prioridades. Me sorprende encontrar en el jardín plantas de algodón y cítricos que prosperan muy bien.

El resto del día lo pasamos a cobijo de la sombra en alguna de las casas. De este modo puedo comprobar personalmente el horno en que se tornan estos salones bajo la cubierta de una chapa ondulada metálica.

Hacemos entrega del material que traemos, gafas usadas, medicamentos, un ordenador, juguetes, ropa y dinero. Establecemos la estrategia de acción junto con los locales, que se han constituido en la asociación local Bushara, dirigida por Zani y el hijo del sheij. También se encuentra aquí Mohammed Bá, de Senegal que tiene previsto establecer la misma estrategia para poder trabajar de igual modo en su país.

Esperamos a que llegue la novia que viene desde Córdoba para casarse aquí. Llega la noche y aún no ha aparecido. Estamos en casa del sheij al Michri cuando se presenta la comitiva de boda en esta casa, donde les dan la bienvenida, el tarhib, y nos invitan a cenar.

La sobremesa es corta, pues ellos están cansados y nosotros hemos de retirarnos pronto, pues madrugamos para viajar hasta la orilla del río Senegal, donde el sheij al Michri tiene otras tierras donde puede ponerse en práctica el regadío con facilidad.  Finalmente nos pasamos de la 1.30 h., como casi siempre y hemos de estar listos tras la oración del Fayr, a las 6.00 h. de la mañana.

Sábado 7 de Abril.-

El adzan del Fayr (la llamada a la oración) se hace a las 5.30h., poniéndonos en marcha. La intensidad de la luna, el qamar (la menguante) que estas noches riega las arenas no es ni siquiera molesta para nuestro sueño, pues estamos tan cansados que ni esto ni la austeridad de las condiciones en que estamos, consigue desvelarnos.

Partimos a la excursión Juan, Pablo, Paco y yo. Nos acompaña nuestro amigo Hammud, uno de los estudiantes de aquí con los que hemos conseguido intimar y que es a la vez nuestro guía, maestro de ceremonias, así como referente de lengua árabe, puesto que tanto el hasanía que habla, como el árabe clásico o el francés son para Paco y para mí, totalmente accesibles. Partimos en dirección Sur, atravesando las dunas y siendo testigos de un precioso amanecer en la sabana mauritana.

Posiblemente los bancos de arena y dunas que la rodean sean la fuente de riqueza hídrica que permitió el milagro de Maatamaulana. Salidos de ellas, una inmensa llanura de arenas consolidadas es el mar que rodea esta isla arenosa. En aquella, la pradera y el bosque aclarado de acacias es la vegetación predominante que permite el sustento de una inmensa ganadería de cabras, vacas y camellos. A unos 5 km. se encuentra el pueblo más cercano en esta dirección y a unos 15 el segundo, donde compramos algo para desayunar sentados en el frescor que la arena ha acumulado durante la noche.

Nos acompaña también Salim, otro nativo de Bagamú y amigo de Hammud al que ha buscado por conocer mejor los caminos cuando se pierden en la arena. La sexta plaza ha de pasar al maletero, pues como dicen en la Axarquía, alante no cabemos tós.

El siguiente pueblo, a unos 30 km., se llama Rkiss y es el pueblo grande de la zona, el que sin duda lleva más tiempo consolidado merced a la presencia de un gran lago que permite el mantenimiento de una amplia ganadería vacuna e incluso de caballos. Son los primeros caballos en libertad que veo por Mauritania. También hay agricultura en las tierras del lecho lacustre cuando se secan o en los años en que las aguas no son suficientes para cubrirlas. Aquí existe además un simpático surtidor de combustible que funciona sin electricidad, accionado por una bomba de émbolo que se acciona de forma manual.

Aprovechamos la ocasión para llenar el depósito en previsión de un viaje largo o de un intenso consumo, pues las arenas exigen la tracción total y los atascos consumen mucho al requerir altas aceleraciones.

Sorrendentemente abandonamos las arenas y encontramos una magnífica carretera sin asfalto que aquí, es signo de urbanización y modernidad. El lago Rkiss mantiene agua en su parte inferior y encuentro el primer jinete sobre camello de todo este viaje, un pastor que dirige un gran rebaño de vacas mientras pastan y abrevan en torno a las aguas del lago.

Una hora después llegamos a Bagamú, el pueblo de nuestros acompañantes. Paramos a descansar en la casa de unos tíos de Hammud donde nos reciben con la amabilidad y hospitalidad que es característica de estas gentes. Bagamú es un pueblo muy pobre, formado por algunas casas edificadas y en su mayor parte por jaimas estabilizadas por una cierta sedentarización. El jefe del poblado viene a vernos y nos acompaña para ver las tierras de sheij Michri.

Nos encontramos una extensa llanura de pastizales que parece inundarse en su parte central en época de lluvias. Existe cierto carácter vértico de los suelos que aparecen cuarteados por amplias y profundas grietas. Veo que cambia la vegetación y encuentro unas leguminosas arbustivas similares a la albaida y que tienen carácter forrajero, así como un árbol que a primera vista me parece ser una especie del género Bauhinia. En una zona del terreno hay un tramo encharcado con una densa mancha de aneas (Thypha sp.)

Finalmente llegamos a río Senegal, aunque arribamos a su brazo más próximo, que queda por completo en territorio mauritano. Sorprende y  maravilla encontrarnos después de este enorme desierto un caudal así, proveedor de vergeles. Se asimila al río Tajo a su paso por Aranjuez y lleva tanta agua o más que el Guadalquivir cuando discurre por Córdoba en época primaveral.

Hay algunos cayucos que sirven para cruzar y los niños llevan el ganado para abrevar o carros con depósitos para cargar agua que incluso beben directamente del río.

El paisaje que genera es sumamente agradable y el verde de sus árboles se hace extraño después de tantos días de recorrer tierra yerma. Las aneas cubren los bordes e incluso invaden los terrenos limítrofes donde el acuífero debe ser somero.

Regresamos hasta Bagamú donde somos testigos de la hospitalidad mauritana, pues nos hacen comer hasta tres veces. Primero un gran plato de carne asada de cabra, después sigue otro gran plato de carne con arroz y cuando estamos más que saciados aparece otro enorme de cuscús al que somos incapaces de meter mano.

Como yo no tomo carne, como poco y bebo solamente agua, esta gente dice que soy muy raro. Intento dar explicaciones para no ser descortés y no herir su hospitalidad.

Son las 15.15h cuando emprendemos el regreso. Los viejos del lugar enseñan a Salim el atajo que en el viaje de ida quiso encontrar. De este modo ahorramos camino y llegamos antes hasta Rkiss.

El trayecto de retorno es el mismo aunque en la entrada de Maatamaulana aparecemos por la cresta de la duna sur donde el coche se queda atascado sin remedio. A base de maniobra y potencia consigo sacarlo y atravesar al cuarto o quinto intento.

Sorprendentemente llegamos poco antes de empezar la boda, a las seis de la tarde y no a las cuatro como nos habían dicho en un primer momento.

Se casa Layla Escudero, que ha venido desde Córdoba hasta aquí para unirse en matrimonio con Mustafa Adan, miembro de una importante familia sufí de Níger y tío de Zani. En clara analogía con la curva del río Níger, el país de Mali en su mítica ciudad de Tombuctú, las orillas del río Senegal son en este caso las que acogen el encuentro entre las gentes de África y Europa representadas nuevamente por las tierras de Al-Andalus y el Magreb en un tiempo en que la memoria andalusí parece renacer para recuperar al menos la dignidad que le ha sido negada desde los tiempos de su conquista por francos y sucesores hasta nuestros días.

La ceremonia ha sido breve y sencilla, actuando como cadí el sheij al Michri. Bajo una jaima se aglomeraba la gente separados entre hombres y mujeres con un magnífico colorido provocado por la vistosidad del darrá blanco o azul de dorados bordados, la variedad de turbantes y sobre todo las malefas con las que las mujeres saharianas envuelven su cuerpo.

Una boda es una primavera en el desierto.

La belleza surge desde el rincón del hogar envolviendo su cuerpo en un manto colorido y dejando apenas ver sus tremendos ojos de intenso azabache que irradian luminosa dulzura

No hay banquete ni baile pero coincide con la fiesta del mawlid, el nacimiento del Profeta. Hay preparada una gran carpa y aunque nos retiramos enseguida para comer y descansar en nuestro alojamiento, podemos ser partícipes del dikra general que se transmite a través de la megafonía.

Durante toda la noche se prolonga la recitación de poesías, suras del Libro sagrado y otros cánticos. Siendo este pueblo un lugar dedicado a la espiritualidad y tradición religiosa no podía esperarse menos. Sin embargo a algunos de mis compañeros les resulta pesado y molesto, pues no les permite descansar durante la noche.

Hasta después del alba se mantienen los cánticos, amanece enseguida y a las siete empezamos a movernos.

Domingo 8 de Abril.-

Nos vamos a las 9.30 h. de Maatamaulana tras despedirnos de Zani y su familia. Todo el mundo anda más o menos entre sueños después de haber pasado la noche en vela.

Maatamaulana es una isla situada entre un inmenso océano de sal y  el enorme mar de canela arenosa que es el Sahara. Su dedicación principal es el cultivo del Conocimiento. Allí se encuentran niños españoles procedentes de Granada y Córdoba que un día decidieron ir allá para formarse como hombres y personas en el marco de la tradición islámica. Sus nombres son Ahmed Fernández, los hermanos Isa y Abu Bakr Ribera, los hermanos Ibrahim, Ayub y Adan Román y los hermanos Omar, Yasin y Mubarak Rodríguez.

De ellos Ibrahim ya terminó y tomó rumbo a Senegal, donde reside actualmente tras haberse casado con una chica nativa de allí.  De modo similar, se han formado otros matrimonios mixtos a partir de las hermanas Soraya y Yusura Ribera, casadas respectivamente con Micheri y Zani, dos imponentes mozos de Níger, llegados hasta aquí por motivos de Conocimiento.

En estos días hemos asistido también a la unión de otra cordobesa, Layla Escudero con Mustafa, tío de Zani y miembro de una prestigiosa familia sufí de Níger.

Dice Abd el Naser que en estos días hemos tenido un ejemplo de alianza o al menos encuentro de civilizaciones. Hay quién de los presentes discrepa aludiendo a las similitudes étnicas y culturales entre los componentes de nuestro grupo, dado que incluso procedemos de ciudades próximas. Yo por el contrario, discrepo igualmente, porque conocido el fondo, he visto más desencuentros y rechazo que acercamiento o entendimiento. Sobre todo he visto la postura clásica de inmovilismo ante la supremacía de los valores propios de Occidente. Sin embargo, puedo afirmar que desde luego Maatamaulana es un marco y lugar incomparable para dicho encuentro, conocimiento y entendimiento, que ha sido capaz de causar la fascinación en algunos de los occidentales que por allí han pasado.

He visto la felicidad en los ojos de Yusura junto a su marido, habiendo sido capaz de renunciar a un mundo de comodidades y facilidades frente a una austeridad de vida difícilmente encontrable hoy en día en Europa. Creo que es un verdadero ejemplo de desapego y autenticidad que esta mujer de tan solo 18 años puede dar a todo un continente como es este de aquén de mar.  Su felicidad consiste en pasar cada día junto a su marido, a la espera de que llegue el día en que nazca la criatura que ambos esperan. Su vida transcurre a 40 grados a la sombra de un tejado de chapa metálica donde la única ventilación la genera el aire del desierto o la sabana más o menos cargado de arena según una u otra proveniencia. No les falta el agua caliente, porque es inherente al clima y al terreno, más aún en el interior de estas casas semimetálicas que serían consideradas infrahumanas en este nuestro país. El suministro se interrumpe desde la mañana a la tarde, porque la electricidad la genera un motor diesel que bombea e impulsa el agua desde el pozo y el aljibe principal. Entretanto, un cubo grande suple el suministro inter horas.

No hay abundancia en estas casas, pero no se advierte la pobreza en los hogares porque sobre todo rebosan felicidad y dignidad.

La felicidad es más fácil con la renuncia de lo material

Frente a ello, nos presentamos nosotros, esclavos de lo accesorio y lo innecesario, meros autómatas obsesionados por el control del tiempo y los rendimientos para lograr una producción que nos genera problemas de excedentes. A veces pienso que esto es inducido por simple miedo, el miedo a lo desconocido del futuro, tal vez estos árabes y arabizados, que solo piensan o hablan en pasado y presente, no conozcan o no se preocupen del futuro, por eso quizá no atesoran y confían siempre en que la mano de la Providencia está llena y es generosa en todo momento.

Veo un gran equilibrio en estos seres humanos que no puede ser sino objeto de respeto y admiración.

Hacia las 13.30h. llegamos a Nuakchott por la misma carretera que salimos. El caos es el mismo, en sentido inverso, los carros tirados por pequeños asnos discurren lentamente por el carril izquierdo, donde hoy hay unos operarios retirando arena, a poco que me descuido veo un coche venir en sentido contrario que se mete poco después por un hueco de la mediana para incorporarse a los carriles opuestos a nuestro sentido.

Buscamos alojamiento y descansamos. Mis compañeros andan con problemas de ligereza intestinal y alguno necesita el reposo.

No tengo noticias del grupo de Mohammed Abdela y Shuayb.

Me ha parecido muy breve la estancia en el desierto. Cierto es que el calor es insoportable en el interior de las casas, el sol quema en extremo durante la mañana y para quién está acostumbrado a la actividad se puede hacer difícil tanta monotonía y parsimonia. Me hubiese gustado conocer más profundamente el entorno personal de los chicos y de los profesores, ver manuscritos antiguos, hablar con gente de la concepción del tiempo, de la paciencia, del destino y de tantas cosas del no visto que sin duda favorecen la comprensión y desarrollo de la Intuición, esa parte del ser humano que no atiende a la razón.

La razón es un velo para el ojo del corazón

Las circunstancias y coincidencias han hecho que por otra parte, haya vacaciones escolares, que profesores y alumnos no estén allí en pleno y que el sheij al Michri se encuentre muy ocupado atendiendo las numerosas visitas que han llegado en estos días hasta el pueblo. Por tanto no podido participar en más conversaciones con este que es un sheij de lo externo y de lo interno, como dicen quienes le conocen bien.

El fuego de las arenas se traspasa al cielo en esta tarde de Nuakchott cuando la noche pide su turno encendiendo el lucero vespertino

Lunes 9 de Abril.-

Me levanto por la mañana temprano para estar a primera hora en la oficina de cooperación española. Consigo ser recibido por el director, Juan Peña y hablar con él. Le traigo saludos de nuestro común amigo Federico Manzano.

En casa de Ahmed encontramos a Abd el Naser quién anda por Nuakchott haciendo gestiones administrativas para conseguir que su yerno Micheri pueda subir a España, recoger a su esposa Soraya y ver a su común hijita que nació hace quince días en un hospital de Granada. Finalmente parece ser que Marruecos no le concede la visa para atravesar su territorio junto a nosotros por carretera. Me dice que el vehículo que esperamos con los demás compañeros se va a retrasar un día más y entonces decidimos subir por nuestra cuenta para visitar el Parque Nacional del Banco de Arguin, de camino hacia la frontera. Quedamos en vernos la noche del día siguiente en la jaima de Nabila, cerca de la frontera.

Ahora podemos contemplar las vistas del paisaje que durante el trayecto de ida hicimos de noche. Hay unas preciosas dunas de arena tostada, me recuerdan enormemente a mi especia preferida e imagino ingentes montañas de canela. Desde la carretera general, a unos 230 km. de Nouakchott hay un gran edificio de color almagra y un poco antes está la entrada para el Banco de Arguin, unos 50 km. de dunas y bancos de arena que hacen muy penosa la conducción. El coche responde muy bien, después de todo lo que hemos pasado.

Finalmente llegamos a una pequeña aldea de pescadores que se llama Irwik. Es sorprendente la enorme bahía que hay formada de fondos muy someros. El color de las aguas es de un intenso color azul y hay una gran cantidad de aves acuáticas, aunque nos dicen que la época buena es la invernada procedente de Europa.

Pasamos la tarde en la playa observando a los flamencos y nos alojamos en un camping perteneciente a la cooperativa de pescadores y compuesto por unas cuantas jaimas adecuadas al efecto.

Cuando la luz del magrib desaparece nos envuelve un oscuro cielo cuajado de estrellas como nunca tuve ocasión de contemplar. Aquí la oscuridad reluce, el punto luminoso artificial más cercano se encuentra a más de 200 km. de distancia. Frente a nosotros el mar y el cielo son una misma cosa, diferenciados únicamente por el dosel de diamantes que salpica el negro telón celeste.

El oscuro azabache de la noche se difumina y desvanece cuando aparece la fuerza plateada de un cada vez más debilitado qamar (la luna menguante).

Definitivamente Mauritania es un viaje al mundo de la arena y de la sal, una Naturaleza que se resiste a ser dominada completamente por el hombre, quién sin embargo sabe los modos y los límites por los que puede discurrir en ella.

Es fácil apreciar un brusco cambio solo con cruzar la frontera del vecino país de Marrakech, ciudad que un día fuera la capital de ambos territorios. La fascinación que se encuentra en Marruecos, se vuelve aventura en Mauritania. La semblanza y memoria que allí puede encontrarse del legado andalusí entre sus palacios, sus medinas, sus zocos, sus habitantes, aquí se torna en presencia viva con las nómadas tribus que un día se denominaron almorávides, los muttalazim (los velados), y que llegaron hasta las puertas mismas de Toledo o Mallorca y que incluso conquistaran Libia, Túnez y parte de Argelia de manos de los cordobeses Banu Ghanya tras asentarse en la isla de Mallorca.

Conocer al sheij al Michri ha sido una experiencia de este nivel. Su hábito nómada parece insometible de modo tal que ama la jaima tanto como el techo celeste. Cualquier excusa es buena para reunirse al cobijo de alguna que mantienen en los patios de la casa. Compartir con ellos algunos momentos ha sido un viaje a la época de Yusuf ben Tashfin, donde el único cambio producido ha sido la sustitución de la espada por la pluma o la linterna con la que el sheij señala a modo de puntero las cosas o las personas una vez que desaparece la luz del día. Se me viene a la cabeza que el instrumento, tal que la luminosa espada del guerrero de las galaxias, no deja de mantener la misma simbología lineal, en este caso con la carga asociada del rayo de luz.

Martes 10 de Abril.-

Van pasando los días en este viaje. Amanece entre la difusa bruma de la humedad marina en el Banco de Arguin. Durante toda la noche el viento de la mar ha batido las lonas de la jaima. La temperatura es muy agradable y no han faltado sonidos de pájaros en la noche.

A medida que discurre el tiempo y se suceden las situaciones voy entendiendo mejor aquello de que este viaje era para mi.

Cierto es que no he podido encontrar muchas cosas ni personas nuevas, el tiempo y las circunstancias nos han hecho fugaces allá por donde hemos ido pasando. Pero todo viaje sirve para conocer al compañero y sobre todo para conocerse a uno mismo.

Esto ha sido un gran viaje para el cultivo del sabur, la paciencia. Afortunadamente creo haberlo entendido desde un principio y considero que no me ha abandonado la serenidad.

La inmensidad de estos espacios abiertos es tremendamente relajante pero puede haber quién encuentre la ansiedad y la fobia en esta monotonía y la inmensa trampa que puede parecer sentirse aquí diminuto, tal que perdido o naufrago de un ancho mar. En estas condiciones de apertura, es fácil acceder al interior, al propio, y en mi caso, siento haber recuperado emociones que creí haber perdido.

La sensación de paz interior es enormemente gratificante.

Dice un proverbio sufí: Quién conoce su esencia, conoce a su creador, y pienso yo, de qué vale al hombre conocer el universo entero, si no se conoce a sí mismo.

Continuamos el camino hacia Noadhibú recorriendo las arenas de sur a norte según las indicaciones de un guía local y confiados en la cartografía y los instrumentos de navegación que poseemos.

El paisaje es muy monótono y no vale la pena seguir este camino, pues se aleja del mar. Dunas y llanuras arenosas existen en este país en cuantía suficiente como para aventurarse en las condiciones que nos encontramos. Enseguida considero que hemos cometido una imprudencia pues tenemos el combustible justo para llegar a la ciudad, no sabemos de puntos intermedios y nuestra rueda de repuesto se encuentra en mal estado. La conducción se hace pesada por las arenas y en un par de ocasiones nos quedamos atascados, consiguiendo salir finalmente.

Accedemos a la carretera en el punto kilométrico 170 en dirección Noadhibú. Hemos hecho por tanto unos 70 km. por el interior del parque que nos ha consumido 3 horas y media, habiendo usado casi medio depósito de combustible.

Una vez en carretera llegamos a la ciudad del norte hacia las 15.00 horas y nos acercamos hasta Cabo Blanco. A la entrada de la ciudad un control de policía me pide el seguro de accidentes del coche. No es válida la carta verde internacional y me veo obligado a concertar un seguro breve.

El paisaje a mar abierto es precioso. La ensenada cargada de buques y barcas de pesca faenando es también impresionante.

El mar se encuentra con marejadilla, bate los acantilados que son de frágil arenisca y se desmoronan con facilidad. Acercarse hasta el filo es arriesgado y poco recomendable. El lugar está bajo el cuidado del Parque Nacional de Arguin, pero existe una carencia total de estructura.

La pista de acceso está en pésimas condiciones llegando hasta un faro y una caseta para el vigilante de la Reserva de la foca monje. Hay un edificio en muy malas condiciones, reino de las moscas, y ni siquiera han colocado una barrera a modo de mirador que evite posibles accidentes. Hace viento y la arena incomoda mucho la permanencia.

Finalizada la tarde regresamos y nos encontramos con el resto del grupo en la jaima de Nabila.

Son ya con este cuatro días que hemos estado prácticamente separados. En Noadhibú pasamos junto al puerto minero y la refinería de petróleo. Coincidimos con el paso del tren minero, el más largo del mundo, de impresionante longitud con sus trescientos vagones cargados de mineral. Su aspecto es antiguo, los colores rojizos y apagados y el blanco puro de las rocas en la ciudad me hacen sentir de nuevo inmerso en una película.

La cinta transportadora carga la pirita ferruginosa en uno de los barcos. De repente, rodeado por el complejo industrial tras varios días sumergido en la plena naturaleza del desierto, la sabana, el litoral, se me viene a la cabeza el libro de John M. Hobson que no hace tanto acabo de leer.

Aquí puedo comprobar lo que este autor expone en su libro sobre cómo un país rico en recursos tal que éste u otros tantos del Oriente o el continente africano, es expoliado de su riqueza ante un patente contraste de miseria y necesidad. Ayer mismo en Nuakchott, la policía lucía vistosos uniformes y montaba en magníficas motos y vehículos patrulla, una de las materias favoritas de la cooperación exterior, procedente de los beneficiarios entre otras cosas de este hierro y petróleo.

El alto índice de población de piel negra, deriva también de otros tiempos en que el recurso fue el trasvase de mano de obra subsahariana a bajo coste.

Miércoles 11 de Abril.-

Ya estamos nuevamente juntos los dos coches. Hemos hecho noche en la jaima de Nabila, una típica tienda nómada saharaui compuesta sólo por mujeres que hacen vida de frontera con lo que el paso de gentes y mercancías les deja como recurso.

Nos levantamos temprano pues hoy toca el paso fronterizo y el inicio de nuestra gran travesía de retorno. Dormir en el suelo estos días ha mejorado la condición de mi espalda y aliviado las contracturas y ciertos desórdenes que tenía.

El paisaje mauritano se despide con una majestuosa duna que se muestra exhuberante entre luces y sombras de la mañana que el sol empieza a calentar.

La frontera mauritana es muy sencilla. Allí encontramos una caravana organizada Mijas-Dakar que nos saluda efusivamente al ver nuestras matrículas de Málaga y Granada.

Los guardias del puesto conocen a Abd el Naser y nos pasan por delante. En apenas quince minutos acabamos con el trámite ganándonos una reprimenda por no haber ampliado el periodo de visa en el consulado de Nuakchott.

El tramo marroquí es algo más complicado. Todo en Marruecos parece más complicado y menos amable que en su vecino país del sur. En una hora conseguimos resolver el papeleo, lo que no me parece tampoco fuera de lo normal.  A los 70 km. llegamos al hotel de Bir Gandouz en el que hicimos noche a nuestra venida y paramos a desayunar.

Los compañeros se quedan sin combustible a unos 2 km. y hemos de ir en su auxilio. Son las 12.30 h. cuando emprendemos el maratón de asfalto que nos queda por recorrer. Nuestro objetivo es dormir en la ciudad de Tan Tan, a unos 1200 km. de distancia.

La carretera del sur del Sahara occidental está compuesta por largas rectas, interminables y apenas hay más tráfico que el de algunos camiones que bajan hacia Mauritania. Ello nos permite conducir con rapidez y comodidad.

El día presenta una temperatura magnífica, se aprecia un descenso que me sorprende y agrada. Las nubes decoran el cielo y velan el rigor del desierto.

El Sahara costero es eminentemente rocoso y blanco. Tiene más bien condición de estepa, con numerosos arbustos bajos que a medida que subimos hacia el norte se densifica y dan cobertura al terreno, haciéndolo apto para el pastoreo. Pero este es un terreno minado, los carteles a ambos lados de la carretera advierten del peligro que se corre por este motivo.

La gran bahía que forma la península de Dajla (antigua Villa Cisneros) es preciosa, con un mar de intenso azul y costas recortadas, fondos someros que recuerdan a lo visto en el Banco de Arguin. La abundancia de aves marinas por esta zona es también asombrosa. Me acuerdo ahora de las águilas pescadoras de Cabo Blanco.

Pasado Dajla el desierto empieza a florecer. Tengo la sensación de que ha llovido por aquí en días pasados y los márgenes de la carretera están tapizados por siemprevivas y otras flores que no conozco ni por aproximación. Es una grata sorpresa encontrar el Sahara cargado de arbustos, algunos tapices de hierba y numerosas flores. La primavera aquí debe ser fugaz, aprovechando las brumas y escasas lluvias que el desierto consigue robarle al ingente Atlántico. Por eso la belleza se queda en las arenas, las luces y las sombras, el modelado de las rocas y sobre todo en sus mujeres que visten de vistosos coloridos. Cada boda es una primavera en este Sahara.

La tarde que prosigue es preciosa, el sol deja dorado el acantilado batido de espumas. Nos sorprende la fresca temperatura y un aire limpio que deja despejar el turquesa del cielo. El recorrido a lo largo de la costa desde Dajla a Bojador es todo un regalo para este mi 42 cumpleaños.

En realidad todo este viaje ha sido un auténtico regalo. Nunca hice uno tan largo, tan cargado de contrastes, situaciones diversas, imprevistos y aventuras. Nunca tampoco he estado de viaje en el tiempo, en primera persona, como ahora. Los beduinos me han hecho sentir en otra época, inmerso en escenas que solo conocía tras la fantasía cinematográfica.

A las 23.00 h. llegamos a El Aaiún, tras recorrer unos 890 km. Nos quedamos a dormir en la mezquita de una gasolinera de carretera.

Jueves 12 de Abril.-

Salimos temprano, prácticamente a las 6.30 horas. El Aaiún es un lugar con un gran río y lagunas litorales y en él los mosquitos tienen su señorío, lo que se hace patente en esta breve noche en el lugar que pernoctamos. Las previsiones para problema similar en el Senegal han surtido efecto mediante el repelente de que disponemos. Quién no ha tomado precauciones ha debido interrumpir su sueño por la repetida acción de este incansable insecto.

La mañana continúa siendo agradable con temperatura similar a la de ayer, si bien se hace notar el cansancio y la falta de buen reposo.

Pasamos Tarfaya, el anterior Cabo Juby y podemos disfrutar otra vez de la cercanía del mar, su costa recortada por ásperos acantilados y el dinamismo que el Poniente imprime hoy a las aguas batiéndolas contra las rocas.

Tan Tan se encuentra a unos 330 km. de la capital saharaui. Los números ya se nos hacen pequeños casi ridículos, pero la carretera impone su ritmo y las horas caen sin remedio. Pasado Tan Tan nos alejamos del mar para sumergirnos en la inmensidad esteparia de amplios valles e interminables llanuras. El sopor y el cansancio me obligan a dejar el volante.

Comemos en Tiznit y pasado Agadir cogemos la carretera de la costa en dirección a Essaouira, la antigua ciudad de Mogador, tierra natal de la casa de Medina Sidonia. Esta carretera es preciosa porque recorre la costa subiendo la montaña, pero tiene mucho tráfico y curvas. Nuevamente llegamos sin luz del día, aunque es temprano. Las tiendas se encuentran abiertas y las calles rebosan de transeúntes. Coincide con que el rey de Marruecos se encuentra en la ciudad y el ambiente es magnífico. Nos alojamos en un apartamento que mejora las condiciones de estos últimos días.

El cansancio me pasa factura y me siento mal a partir de un escalofrío que me da con la humedad de la noche en la proximidad del mar. Paso mala noche con dolor de cabeza que no cesa al despertar.

Viernes 13 de Abril.-

Me despierto aún víctima del cansancio. Mi cabeza no ha podido relajarse durante el sueño y siento presión que es molesta. Por fin consigo ducharme después de una semana. Damos una breve vuelta por la ciudad. Essaouira es una preciosa ciudad de mediano tamaño fundada con su aspecto actual por los portugueses a principios de la Edad Moderna en su afán por dominar el océano y la tierra de allén de mar, de donde obtenían las pesquerías, el oro y los esclavos (véase África versus América). La ciudad se prepara para recibir al monarca alawi y decidimos salir antes de que se nos pueda complicar el tráfico. El trayecto es hacia Casablanca en dirección al Yadida.

Después de comer conseguimos pasar Rabat a media tarde y llegamos a Tetuán a las 20.30 horas.

Nos hemos separado en Essaouira. La intención de nuestros amigos musulmanes es subir a las montañas de Beni Arós, cerca de Tetuán para visitar la tumba de Mawlay Abdeslam Ibn Mashish, pero yo he decidido no ir aquí con los demás porque ya están cansados y no comparten este tipo de cosas. Por otra parte, el camino es casi todo autovía y nuestro vehículo puede ir bastante rápido. Así que decido ir directamente a Tetuán a fin de poder pasar la frontera al día siguiente cuanto antes, cosa que el pasaje me agradece.

En Tetuán he llamado a mi amigo Abdesalam y resulta que su hijo Amin, casi un hermano, está en la ciudad para una de sus veladas musicales de melodías andalusíes. El cansancio me aconseja irme al hotel, no sin gran pena y dejar pasar esta ocasión musical.

Sábado 14 de Abril.-

Mi cuerpo agradece las buenas condiciones del hotel y me siento muy aliviado por el reposo. Nos dirigimos a la frontera a eso de las 9.00 hora marroquí y pasamos ambas sin apenas dificultad. Perdemos por poco el barco de las 12.30 h. y nos embarcamos saliendo de puerto una hora después. A las 16.00 h. hemos llegado a la ciudad de Málaga donde cada uno ha tomado rumbo a su hogar.

Y así finaliza el viaje más largo de mi vida con medios propios y por tierra, en la que todo se siente de manera mucho más intensa. El marcador del coche muestra 167932 lo que hace un total de 7000 kms. recorridos en dos semanas.

Aunque finalmente no cubrí el objetivo inicial previsto para este viaje y que fue el conocimiento de la ciudad de Maatamaulana y las cosas que en ella hay, lo cierto es que como dice Abd el Nasr, lo importante es el viaje y cuanto más dure éste, tanto mejor. También dice el sheij Mohammed que el viaje más importante es el que discurre por paisajes humanos y te permite bucear en el corazón de las personas.

Sentado nuevamente en mi mesa habitual, envuelto por el ruido y la rutina cotidiana entiendo ahora el verdadero sentido de este viaje y quiero creer que ciertamente era para mí. Sin duda ha sido también para cada uno de nosotros, como dice el Libro, hay signos para quién sabe ver.

El Yamal reparte la belleza a lo largo de su Creación y doy gracias a la Providencia por haberme ofrecido tanta belleza y tanta armonía en estas dos semanas.

Maatamaulana no es un lugar, sino un estado, una condición, un regalo de nuestro señor y eso es lo que ha sido esta experiencia.

Me traigo del desierto y del infinito mar de sal una inmensa paz interior y sobre todo su germen, capaz de prosperar y prolongarse en el tiempo con la sabiduría necesaria para hacerla crecer y verdear. De este modo cobran sentido las palabras de sheij Mohammed,

El verdadero camino del Conocimiento es la escalada hacia ti mismo.

La sinceridad es la puerta de acceso

La cortesía (adab) es su llave

La generosidad la vestimenta que has de llevar y que te protege

Escrito entre las arenas del Sahara y la sal del Atlántico en Abril de 2007

 

Dedicado a Karm, Aurora y Almaa’, primavera del desierto que sin ellas es mi vida
El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar por toda clase de terrenos favorables, llegó finalmente a las arenas del desierto. Confiado en la fuerza e ímpetu de sus aguas, trató de atravesar el gran desierto, pero de modo constante la arena tragaba su ingente caudal.

Convencido de que su final era el océano y que su propia existencia depende del trazado de su curso a medida que se genera en el camino, el río intentaba una y otra vez cruzar sobre los bancos y dunas de arena. Entonces una voz procedente del desierto le susurró: “Como el viento cruza el desierto, así puede hacerlo el río”.

El río argumentó que le parecía una misión imposible, dado que sus esfuerzos se estrellaban siempre contra el poder absorbente de la arena. Sin embargo el viento, era capaz de volar y pasar por encima de las arenas. “Si continúas en tu empeño, no podrás cruzarlo”, volvió a oír, “sin embargo, si te dejas llevar por el viento, tal como hace la misma arena, podrás llegar a tu destino”.

¿Pero cómo podría lograr esto? replicó el río, “dejándote absorber por el viento”, le indicó la voz.

Esta idea no era agradable para el río. El era el empuje de la tierra, por el circulaban los hombres y los ganados, daba vida a una y otra orilla por las que circulaba, alimentaba ciudades. No quería perder su personalidad y una vez perdida, ¿tal vez volvería a recuperarla?
El viento, dijeron las arenas, cumple esta función. Eleva el agua, la transporta durante kilómetros y luego la deja caer. “Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”.

“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”

“Así es y si no lo crees, no conseguirás llegar a tu destino vital”

“¿Pero, no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

“No puedes permanecer así si quieres continuar, tu parte esencial es transportada y formarás un río más adelante.” “Tienes temores porque no sabes en qué consiste tu esencia”.

Cuando oyó esto, el río empezó a meditar y recordar. De modo lejano recordaba un estado en el que ya había sido transportado por el viento. Más tranquilo se convenció de que esto era lo que debía hacer, si bien aún le asaltaban profundos temores.

Y el viento sopló delicadamente sobre él, empezando a evaporarle, para llevarle cada vez más y más alto, recorriendo millas y kilómetros. Pasados los límites del desierto, el viento le dejó recostar sobre la primera cima elevada que encontró de modo que sus aguas se agregaban volviendo a discurrir como río.  Entonces le sobrevino una reflexión “Ahora conozco mi verdadera identidad”.

El río estaba aprendiendo, y las arenas le dijeron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto cada dia, y porque, nosotras, las arenas, te acompañamos en las orillas de tu camino, desde la montaña hasta el mar”.

Y es por eso que se dice que el camino, en el cual el Rio de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las arenas.